La Elegancia del Erizo


Me cansé de fingir
Julio 8, 2008, 12:57 pm
Archivado en: General

Efectivamente.

Como no salgo de una pa’ meterme en otra, pues al final pasó lo que tenía que pasar. Crónica de una muerte anunciada. Como siempre dí demasiada confianza e ilusión a una persona y se me pegó como una lapa, hasta el punto que yo evitaba ir a mi casa para que no apareciese dicha persona por sorpresa (cosa que hacía cada dia más de una vez).

Me ha costado mucho dar el paso y decirle que nuestra amistad no era sincera, ni por mi parte ni por la suya. Que él había cogido dependencia por mi, pero sólo porque él es italiano y homsexual y no conoce a nadie más en Barna y se ha apegado a mi y a mi vida en plan garrapata, esto es, chupando la sangre. Además, os confieso que yo le había pillado hasta cierta manía y todo lo que hací o decía me parecía mal. Curiosa sabiduría popular: del amor al odio sólo hay un paso. 

En un principio hice lo que hago siempre y que dicho sea de paso es FATAL: hacer ver que el problema no existe. No sé si es el síndrome de la avestruz o es que el proceso de maduración personal todavía no ha hecho la suficiente mella en mí. En cualquier caso intenté evitar a la persona en cuestión, pero la situación era insostenible dado que me producía sensación de aprisionamiento.

Ayer se lo dije y se puso a llorar y bla bla. Pero estoy contenta de mi sinceridad porque estoy harta de fingir para contentar a los demás. Si no me gusta su forma de ser ni que se piense que tenemos una relación especial es su problema. Yo soy una persona adulta y necesito mi tiempo y mi espacio. No puedo estar currando 9 horas en un despacho y llegar a casa y estar tensa porque otra persona ha decidido convertirse en mi puta sombra.

Posibles causas de mi actitud:

- Falta de delicadeza cuando digo determinadas cosas porque no soy nada objetiva y me pongo siempre a mi por delante, haciendo daño a las demás personas en un intento de salvarme a mi.

- Cobardía.

- Falta de comunicación entre yo y el resto del mundo, pero ya desde la más tierna infancia y posterior traumática adolescencia.

Y mé cansé de fingir.